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¿Qué lección aprendí de Mark, el chico autista?

Mark había tenido 4 citas. Todas salieron mal.

Voy a ponerte en contexto. Para muchas de estas personas, estar en un restaurante ya es un sintoma de ansiedad.

Muchos necesitan un guión para desenvolverse en una conversación tipo «hola, ¿a qué te dedicas?». Tienen que memorizar ese tipo de frases.

En ocasiones no soportan la situación y literalmente tienen que marcharse o entran en bloqueo total. Imagínate la presión.

Vale. Ahora mézclalo todo. Estás teniendo una conversación (intentando improvisar sobre un guión) con una persona que te gusta en un restaurante.

Es un cocktail potente. Y puedes ver en sus caras como lo están dando todo al 110%.

Mark acaba de darlo todo en 4 citas. Pero todas le salen rana.

Y esta hecho polvo.

¿Pero sabes qué hace?

Sigue intentándolo.

Yo probablemente me habría rendido. O al menos me habría tomado un tiempo sabático de citas antes de volverlo a intentar.

Él no.

Se apunta a sitios de speed dating para autistas. Va a talleres de interacción social. Tiene a una coach especializada en autistas que le ayuda a desenvolverse en citas.

Y otra vez. Y otra vez.

Y a mi casi me saltan las lágrimas cuando la última cita con una chica le sale bien.

Soy un fan de Mark.

¿Qué he aprendido de todo esto?

Esto me ha recordado dos cosas fundamentales que todo emprendedor, al igual que Mark, debería poner en práctica.

Perseverancia

Todos hemos fracasado en algún momento. Yo conozco bien el amargor de poner todo mi empeño en algo y que no salga.

Pero ojo, también he disfrutado del subidón de haber conseguido algo que me ha costado tiempo y sudores. Seguro que tu también.

A veces nos rendimos porque nos olvidamos de que las cosas requieren tiempo y trabajo.

La situación nos supera, y pensamos que no podemos llegar a todo…

¿Pero por qué deberíamos llegar a todo?

Humildad

Mark era consciente de que no podía llegar a todo, de que la situación le superaba. Le pasa tan a menudo que lo tiene interiorizado.

Así que pide ayuda. Sin dudarlo. Se traga el orgullo. Un chico de 28 años pidiendo ayuda para poder tener una conversación en un restaurante.

Y se lo pide a gente que sepa entender su problema y le ayude a encauzarlo.

No hay nada de humillante en eso. Todo lo contrario.

Yo he caído en esa trampa de creer que podía llegar a todo y al final pillarme los dedos.

Pero es que cuando miro a mi alrededor, veo que ese es el mal común del emprendedor.

Por eso pienso que si has llegado hasta aquí, puede que a ti también te pase.

Y yo te puedo ayudar. ¿Cómo? Pues dándote tranquilidad.

¿Diseñando una web? no, es más que eso.

Yo te ofrezco un servicio, y el diseño web es sólo una parte de ello.

En el botón a continuación te explico lo que hago.

Seguimos en contacto en la newsletter.

Un abrazo.